Pese a su estratégica ubicación geográfica, su potencial minero, su actividad portuaria y su condición de puerta de entrada al norte del país, la Región de Tarapacá lleva años estancada económicamente, sin una hoja de ruta clara para salir del letargo en que se encuentra.
Los indicadores son contundentes: bajo crecimiento regional, pérdida de dinamismo en la inversión, escasa diversificación productiva y una economía excesivamente dependiente de la minería y el comercio informal. El desempleo golpea especialmente a los jóvenes, el emprendimiento carece de apoyo sostenido, y las obras públicas avanzan a cuentagotas. En lugar de convertirse en un polo de desarrollo moderno, Tarapacá parece encasillada en una lógica extractiva, sin mayor valor agregado ni planificación a largo plazo.
A esto se suma la inseguridad creciente, que ha golpeado con fuerza a ciudades como Iquique y Alto Hospicio, espantando el turismo, frenando la inversión y deteriorando la calidad de vida. La informalidad y el comercio ilegal han tomado calles enteras sin respuesta efectiva del Estado.
El centralismo también juega su parte. Las decisiones clave se siguen tomando en Santiago, y muchas veces los recursos no llegan o se destinan a proyectos desconectados de las necesidades reales del territorio. La falta de voluntad política para entregar herramientas de desarrollo regional —como mayor autonomía fiscal o incentivos a la inversión local— sigue siendo un lastre estructural.
Pero no todo es culpa del nivel central. También hay responsabilidad en las autoridades regionales, que han demostrado una preocupante incapacidad de articular visiones de futuro, ejecutar presupuestos con eficiencia y atraer inversión sostenible. Tarapacá necesita más que discursos: requiere liderazgo, visión estratégica y capacidad de gestión.
La región no puede seguir siendo solo una zona de paso, ni conformarse con el rezago. Tarapacá tiene todo para ser un eje de desarrollo logístico, tecnológico y turístico del norte de Chile. Pero para eso, hay que despertar del estancamiento y tomar decisiones valientes.
Porque si no se actúa ahora, lo que hoy es estancamiento, mañana será retroceso.