
Latest update septiembre 15th, 2026 1:17 AM
Sep 15, 2026 admin Actualidad, Región 0
En las carreteras chilenas, la tragedia se esconde a menudo tras una decisión mal tomada. En pleno 2025, veinte familias han tenido que enfrentar el vacío insoportable de perder a un hijo menor de nueve años en un siniestro de tránsito. Lo que hace que estas cifras sean especialmente desgarradoras es su carácter prevenible: la mayoría de estos menores viajaba sin un sistema de retención infantil (SRI) o, en aquellos casos donde el dispositivo existía, un uso defectuoso terminó por anular su capacidad de salvar vidas.
Las estadísticas pintan un panorama crítico. El último estudio observacional de CONASET revela que apenas un 35% de los niños menores de nueve años viaja protegido. Aún más alarmante es el dato de que, entre quienes sí utilizan un sistema de retención, cerca del 90% lo hace de forma incorrecta. Existe una brecha abismal entre la intención de cuidar y la eficacia real de esa protección.
Para el Dr. Sergio Rendich, pediatra intensivista y presidente del Comité de Seguridad del Niño Pasajero de la Sociedad Chilena de Pediatría (SOCHIPE), el problema radica en subestimar la física de un impacto. No se trata solo de tener una silla, sino de comprender que es un escudo técnico diseñado para operar en una fracción de segundo. El error más grave, advierte, es creer que el dispositivo protege por sí solo sin una instalación rigurosa y una sujeción perfecta del menor. En un siniestro, no hay segundas oportunidades.
Con el aumento de los desplazamientos por Fiestas Patrias, la SOCHIPE hace un llamado a la responsabilidad absoluta mediante diez claves fundamentales:
Primero, respetar las etapas de protección. Los sistemas de retención no son accesorios genéricos, sino herramientas que deben ajustarse estrictamente a la edad, peso y talla del niño, evitando apresurar las transiciones. Segundo, priorizar la contramarcha. Viajar mirando hacia atrás es, estadísticamente, la posición más segura; los expertos recomiendan mantenerla el mayor tiempo posible, no solo hasta los dos años.
Tercero, la lectura obligatoria de los manuales. Tanto el del vehículo como el del sistema de retención deben ser consultados en conjunto, pues no todas las posiciones del auto son aptas para cualquier silla. Cuarto, la rigidez en la instalación. Un SRI debe quedar firme, sin holguras. Además, es vital retirar abrigos gruesos o mantas, que impiden que el arnés se ajuste correctamente al cuerpo del niño ante un impacto. Quinto, prohibir accesorios no autorizados. Espejos, cojines o juguetes no certificados pueden transformarse en proyectiles o desestabilizar el equipo en caso de choque.
Sexto, los niños siempre deben viajar en los asientos traseros. Séptimo, erradicar la peligrosa costumbre de llevar al menor en brazos. A solo 50 km/h, la inercia convierte al niño en un peso inmanejable; ninguna fuerza humana puede evitar una tragedia en ese escenario. Octavo, entender que la ley es el piso, pero la seguridad es la meta. Se debe continuar usando el sistema de retención hasta que el cinturón del auto se ajuste naturalmente al cuerpo.
Noveno, aplicar la prueba de los cinco pasos antes de abandonar el alzador: espalda apoyada, rodillas flexionadas en el borde, banda pélvica sobre la pelvis, banda diagonal sobre el hombro y, fundamentalmente, la madurez del niño para permanecer sentado. Finalmente, décimo, recordar que la normativa no es una sugerencia. Incumplir la ley conlleva multas severas y la suspensión de la licencia, pero el costo real es la exposición innecesaria a un riesgo fatal.
En la ruta, la seguridad infantil no admite negociaciones. Si el niño se incomoda o reclama, la respuesta siempre debe ser la misma: detenerse, ajustar, verificar y recién entonces continuar. En estas celebraciones, el objetivo no es llegar rápido, sino llegar todos sanos y a salvo.
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