
Latest update septiembre 15th, 2026 1:17 AM
Sep 15, 2026 admin Actualidad, Nacional, Salud 0
El aroma a brasas, el sonido del chisporroteo en la parrilla y el brindis obligado con un vaso lleno son parte del ADN dieciochero. Sin embargo, detrás de la fiesta se esconde un desafío calórico que, si no se gestiona, puede pasar la cuenta antes de que termine el primer pie de cueca. Betsabé Gajardo, académica de la Escuela de Nutrición de la Universidad de los Andes, advierte que el verdadero enemigo no es la tradición, sino la falta de consciencia sobre lo que realmente ponemos en el plato.
Aunque la densidad energética depende de la mano del cocinero, el tamaño de la porción y la calidad de los ingredientes, existe un podio de las preparaciones más desafiantes para nuestro metabolismo durante estas jornadas:
El primer lugar lo ostentan los tragos preparados, encabezados por el terremoto. Al combinar alcohol, azúcar, helado y granadina, un solo vaso se convierte en una verdadera bomba energética, concentrando calorías vacías que se absorben con rapidez.
Le siguen de cerca las empanadas, especialmente las versiones fritas o aquellas con masas excesivamente gruesas. Una clásica empanada de pino al horno, de unos 200 gramos, ya marca una base de entre 450 y 500 calorías, cifra que puede dispararse si se acompaña de salsas.
El choripán se suma a la lista con un perfil similar. Entre el aporte del embutido, el pan y la generosa dosis de mayonesa o pebre que suele acompañarlo, una unidad puede rondar las 450 calorías. A esto se deben añadir las carnes grasas del asado, cuyo valor energético se multiplica cuando se consumen en grandes cantidades durante horas de sobremesa.
Finalmente, el postre tradicional también exige moderación. Un vaso de 300 ml de mote con huesillos, cargado de azúcar y grano, aporta cerca de 350 calorías, cerrando un menú que, sumado, puede superar con creces los requerimientos diarios de una persona.
El verdadero conflicto, explica Gajardo, ocurre en la acumulación. El problema no es el choripán aislado ni la empanada solitaria, sino la suma de todos ellos en un mismo tiempo de comida. El despliegue de papas con mayonesa, pan, carnes, tragos dulces y postres genera una ingesta calórica que el organismo difícilmente puede procesar sin consecuencias.
La clave, según la especialista, no está en la prohibición ni en privarse del sabor de la chilenidad, sino en la estrategia. La invitación es a transformar la parrilla en un espacio de equilibrio, donde las verduras tomen protagonismo y las porciones sean el freno natural frente al exceso. Disfrutar no tiene por qué ser sinónimo de desborde; al final del día, la clave de una buena celebración es mantener el gusto por la tradición sin sacrificar el bienestar.
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