Inteligencia artificial y minería regional: una oportunidad para la Región de
Coquimbo
Por: Juan Mella Vergara, Ingeniero Civil de Minas, Docente U. Central Región de
Coquimbo
La minería chilena está entrando en una etapa donde los datos son tan estratégicos como
los equipos, los yacimientos y la experiencia de terreno. La inteligencia artificial ya no
es una promesa futura: hoy se aplica en mantenimiento predictivo, análisis geológico y
toma de decisiones en tiempo real.
Las cifras muestran la magnitud del cambio. Reportes recientes señalan que la
inteligencia artificial puede elevar la productividad minera hasta en un 40%, reducir en
un 30% los tiempos de inactividad no planificada y aumentar hasta en un 15% la
recuperación de minerales. Pero para regiones mineras como la Región de Coquimbo la
pregunta es otra: ¿quiénes estarán preparados para convertir esos datos en mejores
decisiones?
El riesgo no está en que la inteligencia artificial llegue a la minería, sino en que llegue
solo a quienes tienen más recursos para implementarla. Si queda concentrada en la gran
minería, el país podría ampliar la brecha con faenas que aún enfrentan desafíos de
formalización, seguridad y productividad.
La Región de Coquimbo conoce bien esa realidad. Su historia minera también se
explica por pequeñas y medianas faenas, proveedores, técnicos y comunidades
vinculadas al territorio. Para ese ecosistema, la inteligencia artificial no debería verse
como un lujo, sino como una herramienta para anticipar fallas, ordenar información
geológica y apoyar decisiones con fundamento técnico.
Pero ninguna tecnología reemplaza el criterio profesional. Un algoritmo puede procesar
miles de datos, pero no entiende por sí solo el contexto de una faena ni la incertidumbre
geológica. Por eso, el desafío no es solo usar inteligencia artificial, sino formar
ingenieros capaces de comprenderla, validarla y aplicarla con responsabilidad.
La minería regional no necesita mirar esta transformación desde lejos. Para la Región de
Coquimbo, la inteligencia artificial puede ser una oportunidad de desarrollo si se
conecta con formación universitaria, innovación aplicada y conocimiento del territorio.
La decisión es clara: convertirla en una herramienta para construir una minería segura,
productiva y sustentable desde las regiones.