Por Pamela Arancibia Pastén, presidenta regional CChC Tarapacá
Las intensas lluvias que han afectado a gran parte de Chile durante los últimos días
han dejado al descubierto la vulnerabilidad de nuestra infraestructura frente a
eventos climáticos cada vez más extremos. Caminos interrumpidos, viviendas
dañadas y servicios afectados nos recuerdan que las emergencias no solo ponen a
prueba la capacidad de respuesta del Estado, sino también la forma en que
planificamos, diseñamos y construimos nuestros territorios.
Aunque en Tarapacá enfrentamos amenazas distintas, la lección es la misma y es
que la prevención siempre será más efectiva que la reacción. La experiencia de Alto
Hospicio con los socavones demostró que comprender los riesgos de un territorio y
actuar con anticipación puede marcar la diferencia entre convivir con un problema o
avanzar hacia una solución.
Fruto del trabajo conjunto entre el sector público, la academia y el mundo privado
nació la norma NCh 3394, que estableció criterios técnicos para abordar los riesgos
geotécnicos presentes en la comuna. Desde su aplicación, los nuevos proyectos
han incorporado mayores exigencias geotécnicas y sanitarias, contribuyendo a
disminuir el riesgo de socavones en las viviendas más recientes. Es un ejemplo de
cómo una regulación basada en evidencia puede transformarse en una herramienta
que entrega certezas y fortalece el desarrollo.
Las emergencias también nos recuerdan que la infraestructura pública debe
diseñarse pensando en escenarios cada vez más exigentes. Obras viales, sistemas
de evacuación de aguas, establecimientos educacionales, recintos de salud y
proyectos habitacionales requieren una mirada integral, donde la planificación, el
conocimiento técnico y la prevención sean parte del proceso desde su origen y no
una respuesta posterior a la crisis.
El sector de la construcción tiene hoy la oportunidad y la responsabilidad de seguir
impulsando soluciones que combinen innovación, planificación y estándares
técnicos de calidad. Porque cada obra que incorpora la prevención desde su diseño
no solo mejora la infraestructura, sino que también contribuye a construir
comunidades más resilientes y preparadas para enfrentar los desafíos del futuro.
Las emergencias seguirán poniendo a prueba nuestras ciudades, la diferencia
estará en cuánto hayamos aprendido de ellas para construir un país más seguro.