Sistema frontal: ¿Por qué algunos sectores se inundan una y otra vez?
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La emergencia por las lluvias llevó al Gobierno a decretar estado de excepción constitucional de
catástrofe para la Región de Coquimbo y la Provincia de Huasco, en Atacama. La medida fue
adoptada ante los efectos del tren de sistemas frontales, que ha generado problemas como
cortes de agua potable, desplazamientos de tierra, aumento de caudales y suspensión del
suministro eléctrico.
En medio de este escenario, vuelve una pregunta habitual cada vez que las precipitaciones dejan
daños en zonas conocidas: ¿por qué algunos sectores se ven afectados una y otra vez?
Cynnamon Dobbs, doctora en ecología urbana y académica del Centro de Estudios Territoriales
de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que parte del problema está en la forma en
que las ciudades han crecido y en la dificultad para aprender de eventos anteriores.
“Creo que tiene que ver con dos cosas. Primero, con que planificamos poco las ciudades, dónde
instalamos y hacemos crecer los asentamientos humanos; y segundo, con que nuestra memoria
es frágil. Una vez que pasamos por este tipo de vulnerabilidades, volvemos a construir en los
mismos lugares”, señala.
La especialista agrega que muchos espacios históricamente atractivos para vivir también son
áreas sensibles desde el punto de vista ambiental. Sectores cercanos a humedales, bordes de
ríos o laderas pueden ser valorados por su ubicación o paisaje, pero requieren mayores
resguardos frente a crecidas, saturación del suelo o escurrimientos intensos.
Planificar con más memoria urbana
Dobbs advierte que los eventos climáticos han existido siempre, pero actualmente se presentan
con mayor frecuencia y severidad. En ese sentido, a su juicio, la preparación urbana no ha
avanzado al mismo ritmo, y parte del desarrollo reciente no ha considerado suficientemente esos
escenarios.
Para reducir daños futuros, la académica de la Uandes plantea que las obras tradicionales de
evacuación de aguas lluvias deben complementarse con soluciones basadas en la
naturaleza. Un humedal, por ejemplo, puede absorber parte del exceso de agua y aliviar la presión
sobre la infraestructura construida.
“El escenario ideal es cuando uno tiene opciones combinadas. Hay sistemas de evacuación de
aguas lluvias que se pueden hacer desde la ingeniería y, si eso lo combinamos con soluciones
basadas en la naturaleza, como un humedal, ese sistema ingenieril tiene más flexibilidad”, explica.
El punto de fondo, menciona la experta, es dejar de enfrentar estos episodios solo como
emergencias aisladas y avanzar hacia una planificación capaz de reconocer los riesgos del
territorio. Eso implica mirar con más cuidado los lugares donde ya se han repetido daños y
diseñar ciudades mejor preparadas para lluvias cada vez más exigentes.