
Última actualización septiembre 28th, 2026 6:17 PM
Sep 24, 2026 admin Actualidad 0
Con la Sala Cuna Universal iniciando su segundo trámite legislativo, el financiamiento vuelve a instalarse como uno de los principales nudos del proyecto: cómo ampliar el beneficio sin elevar el costo de contratar ni reducir la protección de los trabajadores frente al desempleo.
Para Jorge Rodríguez, economista y académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, especialista en mercado laboral y políticas de empleo, la reforma puede tener efectos positivos sobre el empleo femenino al eliminar la actual exigencia que obliga a las empresas con 20 o más trabajadoras a financiar sala cuna.
“La regulación actual genera un salto discreto en el costo de contratar mujeres: al incorporar a la trabajadora número veinte, la empresa queda obligada a financiar sala cuna para todas las trabajadoras que cumplan los requisitos. La evidencia muestra que algunas empresas responden evitando alcanzar ese umbral, mientras que otras traspasan parte importante del costo mediante menores salarios”, explica.
Eliminar esta barrera podría favorecer gradualmente la contratación femenina, aunque Rodríguez no espera un aumento masivo e inmediato del empleo, sino un efecto concentrado principalmente en empresas cercanas al actual umbral.
El dilema del financiamiento
La fórmula planteada por el Ejecutivo considera una cotización de 0,35% destinada a sala cuna, compensada por una reducción equivalente en el aporte patronal al Seguro de Cesantía.
“La idea general me parece razonable en cuanto busca mantener constante el costo laboral total y evitar la creación de un nuevo impuesto al empleo. Sin embargo, esta fórmula tiene un costo: reduce los flujos destinados tanto a las cuentas individuales de cesantía como al Fondo de Cesantía Solidario”, señala Rodríguez.
Frente a ello, el economista plantea que el financiamiento debiera provenir principalmente de rentas generales de la Nación, evitando aumentar el costo de contratación o disminuir los recursos destinados a enfrentar períodos de desempleo.
“Es cierto que Chile enfrenta una situación fiscal delicada, pero una política bien diseñada puede recuperar una parte de su costo mediante mayor empleo formal, salarios, cotizaciones e ingresos tributarios. No afirmaría que necesariamente se autofinancia por completo, pero sí que existen retornos fiscales que deben incorporarse a la evaluación”, sostiene.
Más allá de quién paga
Rodríguez advierte que el financiamiento es solo una parte del desafío. También se requiere contar con una oferta suficiente de salas cuna y jardines infantiles para que el cuidado de los hijos deje efectivamente de ser una barrera para trabajar.
“Si el objetivo es que el cuidado infantil no constituya una barrera para trabajar, resulta indispensable identificar territorialmente dónde faltan salas cuna y jardines infantiles”, afirma.
En esa línea, plantea evaluar mecanismos para ampliar la oferta disponible y focalizar los recursos en hogares de menores ingresos o mayor vulnerabilidad.
Para Rodríguez, la Sala Cuna Universal puede contribuir a disminuir las brechas laborales entre hombres y mujeres, pero su impacto dependerá de su diseño: el desafío es eliminar el costo que hoy está asociado específicamente a contratar mujeres sin reemplazarlo por un nuevo desincentivo al empleo formal.
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