
Última actualización octubre 27th, 2026 11:58 PM
Sep 05, 2026 admin Actualidad, Nacional 0
El sistema de pensiones chileno se prepara para su transformación más profunda en cuatro décadas. La migración de los actuales multifondos hacia el modelo de fondos generacionales no solo redefine la hoja de ruta del ahorro previsional, sino que ha encendido las alarmas sobre el impacto que este reordenamiento masivo tendrá en los mercados financieros.
El superintendente de Pensiones, Joaquín Cortez, admitió durante el seminario organizado por la Escuela de Negocios ESE de la Universidad de los Andes que la transición obligará a un movimiento frenético de activos. Si bien el regulador descarta efectos netos permanentes, el escenario inmediato será de alta sensibilidad: el cambio de carteras forzará a las administradoras a ejecutar compras y ventas significativas, principalmente en el extranjero pero con réplicas directas en el mercado local, lo que inevitablemente inyectará cuotas de volatilidad en el corto plazo.
En el diseño de este nuevo ecosistema, la estabilidad financiera fue la piedra angular, consciente del peso gravitante que ejercen las AFP en el mercado de capitales. Sin embargo, Cortez defendió una postura de «manos libres» para las administradoras. En lugar de una regulación rígida y granular, el regulador optó por un esquema de categorías amplias. La apuesta es clara: entregar a las AFP la libertad de construir sus propias carteras de referencia, reconociendo que su experiencia en la gestión de inversiones supera la capacidad técnica de cualquier supervisión estatal. «Lo que sabemos es que lo hacen mejor que el regulador», sentenció Cortez.
El giro hacia los fondos generacionales ha sido calificado por el académico Mauricio Larraín como el ajuste más ambicioso al modelo en 40 años. A juicio de Larraín, la ampliación de los rangos de asignación y las bandas de tolerancia es un paso vital para fomentar la competencia entre las AFP y romper con la homogeneización de las estrategias, un mal que ha aquejado al sistema históricamente.
Aun así, no faltan las voces críticas. Larraín advirtió sobre un sesgo latente: los mínimos de inversión en renta fija soberana. Según el académico, estas exigencias podrían terminar convirtiendo a los fondos de pensiones en una fuente de financiamiento para el Estado, en detrimento del retorno para los afiliados. «No es el rol de las AFP financiar al Fisco», disparó, sugiriendo una reducción gradual de estas exigencias para permitir una mayor diversificación en activos alternativos.
Al final del día, el éxito del nuevo régimen no se medirá en los próximos trimestres, sino en un horizonte mucho más lejano. Para Cortez, la verdadera «prueba final» es una carrera de largo aliento: las decisiones de inversión que se tomen hoy solo serán validadas cuando el tiempo dicte su sentencia en las pensiones de los jubilados de dentro de 30 años. Es, en esencia, un cambio de paradigma donde el presente se subordina al mandato de garantizar mejores pensiones en el futuro.






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