Desde que tengo memoria, no ha habido un mes de julio en que no haya estado presente en la
Fiesta de La Tirana. Como muchos tarapaqueños, he crecido viendo cómo las diabladas, las
cuyacas, los tinkus, las morenadas y los caporales, junto a miles de peregrinos y familias, dan
vida a una celebración movida por la fe, la tradición y ese profundo sentido de pertenencia que
hace de La Tirana el corazón espiritual de Tarapacá durante el mes de julio y una de las
expresiones religiosas y culturales más importantes de Chile. Es parte de nuestra identidad y de
aquello que nos une como región.
Precisamente por la magnitud de esta festividad, estoy convencido de que cuidarla es una
responsabilidad compartida. Que la Fiesta de La Tirana se viva con tranquilidad depende del
trabajo de las instituciones, pero también del compromiso con que cada uno participa en ella.
Cada gesto de responsabilidad contribuye a proteger una celebración que pertenece a todos.
Como Gobierno, hemos desplegado un trabajo coordinado entre Carabineros, la Policía de
Investigaciones, las Fuerzas Armadas, los equipos de salud, Senapred y los distintos servicios
públicos para fortalecer la seguridad, la salud y la capacidad de respuesta ante emergencias.
También hemos reforzado la presencia policial para resguardar a los peregrinos, prevenir
delitos y contribuir a que esta fiesta se desarrolle con tranquilidad.
En ese esfuerzo, medidas como la Zona Seca contribuyen a resguardar un ambiente seguro y
familiar durante la celebración. A ello se suma el llamado a preferir cocinerías debidamente
autorizadas para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos y a reforzar las medidas de
autocuidado frente al aumento de las enfermedades respiratorias propio de esta época del año.
Para quienes forman parte de los grupos de mayor riesgo, vacunarse oportunamente sigue
siendo una de las formas más efectivas de prevenir complicaciones. Junto con ello, mantener
hábitos de autocuidado es una forma concreta de protegernos y de cuidar también a quienes
nos rodean.
La Fiesta de La Tirana ha trascendido generaciones porque ha sabido mantener viva su esencia.
Hoy nos corresponde hacer nuestra parte para que siga siendo un espacio de fe, encuentro y
esperanza. Como Gobierno seguiremos trabajando para que así sea, pero el éxito de esa tarea
también depende del compromiso de cada uno.
Porque la mejor forma de honrar una tradición tan nuestra es asegurarnos de que cada
peregrino pueda volver a casa con la misma fe con la que llegó.
Yuseff Hilaja Rumie
Seremi de Gobierno de Tarapacá