Dr. Juan Magaña Zapata, director (I) de la carrera de Astronomía U.Central sede Región de
Coquimbo
La observación de las estrellas y del cielo nocturno ha fascinado al ser humano desde
tiempos remotos en su afán por comprender su origen y su lugar en el mundo. Existe
abundante evidencia en el arte rupestre de distintas regiones del planeta que representa
objetos astronómicos como el Sol y diversas constelaciones, dando cuenta de una relación
profunda y ancestral con el cielo. Esta práctica, conocida hoy como Astronomía, fue
medular para el desarrollo de las civilizaciones, que mediante la observación sistemática
lograron construir calendarios tan precisos como los actuales, fundamentales para organizar
la vida cotidiana y la actividad agrícola.
Este desarrollo se dio en un contexto histórico en el que la humanidad no contaba con
iluminación artificial, lo que permitía cielos oscuros y libres de interferencias. Más adelante,
científicos como Copérnico, Galileo y Kepler ampliaron decisivamente el conocimiento del
cosmos a partir de la observación directa, estableciendo, entre otros avances, que el Sol y
no la Tierra es el centro de nuestro sistema solar.
Con el avance tecnológico surgió la iluminación artificial, indispensable para el
funcionamiento de las ciudades. Sin embargo, su expansión también contribuyó a la
ocupación de territorios históricamente privilegiados para la observación astronómica. En
este contexto, Chile ha avanzado en la regulación de la contaminación lumínica mediante el
Decreto Supremo N.° 1/2022, que regula el alumbrado exterior con el objetivo de resguardar
la salud humana y la observación astronómica. Gracias a este marco normativo, junto a
cielos prístinos y condiciones atmosféricas excepcionales, el país se ha consolidado como
una potencia astronómica mundial, especialmente en las regiones del norte, donde se
concentran algunos de los telescopios más importantes del planeta.
En este escenario, la certificación internacional de “Comunidad Internacional de Cielo
Oscuro” obtenida recientemente por la Municipalidad de Río Hurtado y otorgada por Dark
Sky International, adquiere especial relevancia. Este reconocimiento, constituye una valiosa
referencia para otras localidades y demuestra que la contaminación lumínica se puede
abordar de manera efectiva y responsable.
Finalmente, si continuamos trabajando de manera colaborativa contra la contaminación
lumínica entre la ciudadanía, los organismos de la sociedad civil, las sociedades
astronómicas, tanto de aficionados como científicas, y las autoridades, asumiendo que esta
es una responsabilidad compartida, podremos seguir disfrutando y maravillandonos con
nuestros cielos estrellados, al mismo tiempo que fortalecemos el desarrollo de una
astronomía de frontera, orgullo del norte de Chile y del país.