Joven de centro LAE-IP Iquique obtuvo primer
lugar nacional en concurso “Cartas sin Dirección”
“La verdad es que no me lo esperaba, porque en realidad estaba trabajando. Ni
me lo imaginé, porque tanta gente que escribe una carta. Y cuando me dijeron que
gané el concurso, obviamente me emocioné, me puse feliz”.
Y esa emoción es la que brota del alma de la joven del Centro de Cumplimiento
LAE-IP Iquique, bajo el nombre de Catalina, al leer nuevamente cada línea de
aquella epístola dirigida a su abuela ausente, con la que obtuvo, por decisión
unánime del jurado, el primer lugar a nivel nacional del concurso “Cartas sin
Dirección” del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. Además, otra joven del
Centro de Internación Juvenil de Iquique obtuvo una mención especial en el
concurso, por su carta dirigida a su padre fallecido.
El concurso es una iniciativa que invita a las y los jóvenes que cumplen una
sanción, a escribir una carta expresando sus vivencias y emociones, para
compartir sus historias de vida y fomentar la reinserción social a través del arte de
escribir.
Para Catalina, la carta la dirigió a su abuela porque ella “es lo más importante en
mi vida. Mi padre y mi madre nunca han estado pendientes de mí. Entonces, yo le
debo muchas cosas a mi abuela… ella me crió, mi abuela es mi madre, es todo
para mí”.
Y ese amor incondicional a quien la cobijó desde pequeña, es el sello de las
palabras de la carta dirigida a su abuela. “Aún tengo en mi mente su voz suave y
con ternura al hablarme, ese olor a su comida que siempre había en su cocina… A
veces siento que esos recuerdos son como una chomba que me abriga cuando
cae la noche”.
En su relato, Catalina le cuenta sobre el cumplimiento de su sanción en el centro,
las reglas, horarios y talleres, relatando que “estoy haciendo las cosas bien,
poniendo todo de mi parte… cómo siempre me decía que uno se puede equivocar,
pero lo importante es levantarse con más fuerza”.
Al recordar esas palabras, la joven sólo piensa en su sueño. “Tengo muchas
ganas de salir adelante. Comprar una casa a mis abuelos y vivir con ellos. Tener
estudios y ser profesional”.
Por lo pronto, y tal como se lo relata a su abuela en la carta, “no quiero que mi
error sea lo único que quede en mi historia; quiero que también quede mi esfuerzo
y mi esperanza para que algún día podamos darnos ese abracito y caminar juntas
por la vida en nuestra casita”.