Vejez e Inteligencia Artificial: una alianza pendiente para una sociedad que envejece
MSc. Patricio Rojas Carrasco, Académico en Ingeniería Civil en Computación e
Informática Universidad Central sede Región de Coquimbo
Chile envejece rápidamente y, en paralelo, enfrenta una revolución tecnológica sin
precedentes. Esta coincidencia plantea una pregunta incómoda: ¿la Inteligencia
Artificial (IA) será una herramienta para dignificar la vejez o un nuevo factor de
desigualdad? De nuestra respuesta depende qué tipo de sociedad seremos.
La IA promete apoyo en salud, monitoreo temprano de enfermedades y sistemas
capaces de detectar caídas, desorientación o deterioro cognitivo. Estas
tecnologías pueden extender la autonomía y reducir la carga emocional y
económica del cuidado. Pero su potencial no basta: si el acceso queda limitado a
quienes pueden pagarlo o comprenderlo, la brecha digital se convertirá en una
brecha ética, donde la dignidad dependa del nivel socioeconómico o de la
alfabetización tecnológica previa.
A ello se suma un riesgo silencioso: la infantilización tecnológica. Muchos diseños
asumen que las personas mayores no comprenden, no deciden o no pueden
participar en sus propios procesos de cuidado. Se habla de autonomía, pero se
construyen sistemas que deciden por ellas. La vejez no es una pérdida de valor;
es memoria histórica, experiencia acumulada y capacidad reflexiva. La IA debe
reconocer este capital humano y situarlo al centro.
El desafío también es político. Los datos recolectados por sistemas de IA son
sensibles, y su uso indiscriminado puede derivar en vigilancia, discriminación o
decisiones automatizadas que afecten beneficios sociales o diagnósticos médicos.
Sin marcos regulatorios claros, la tecnología que promete cuidado puede
transformarse en un mecanismo de control.
La pregunta clave no es si la IA mejorará la vida de las personas mayores, sino si
tendremos la voluntad de diseñar con justicia, accesibilidad y respeto por la
autonomía. La tecnología no es neutral: refleja las prioridades de quienes la crean.
Integrar a la vejez en esas prioridades es urgente.
Si orientamos la IA como instrumento de equidad, el envejecimiento podrá ser una
etapa de mayor independencia y dignidad. Si no, la exclusión digital será una
nueva forma de abandono. La decisión es colectiva y debe tomarse ahora.